Sentí el aroma del canto de los pájaros,
Mientras las sedas embrollaban mis extremos
Los rayos del inmenso fuego golpeaban mi faz
Era libre, libre como aquél viento intenso.
Los rosedales prosperaban desde mis ojos
Y desde mi corazón, palpitaba un fuego.
Un fuego carmesí, salvaje como aquél felino
Que voluptuoso logró seducir sin esfuerzo
A quien lo seguía, su gran amenaza
Era el soberano, penetrante e infame viento.
Sutil y en sigilo, se levantó mi alma adormecida
Mientras la soledad atosigaba mi pensamiento,
Luché contra las olas que me enviciaban agudamente,
Y percibí que hoy es el presente, que urgente está latiendo
Buscando con ansias un futuro de mares decididos;
Decididos en sus hercúleos anhelos
Con formas y texturas variables
Pero mansos y profundos, de aromas complejos.
Yo, un mar dulce y salado, agrio y amargo
Que busca la esencia en sus ciclópeos lechos
Y contiene mi resplandeciente y cálida alma
Siempre observando al imponente cielo
Yo, mar dulce y agrio, sé que en mis manos se encuentra
El futuro que me aguarda con magno regodeo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario